Llegué a Nueva Delhi de noche, un 14 de Noviembre hace exactamente nueve años. Era el primer viaje que hacía solo, yo y mi mochila. Mi plan era quedarme 6 meses en India y la única reserva de hotel que tenía era la de esa primera noche. Al día siguiente, salí del hotel con mi mundo encima y con rumbo incierto. Estaba en Pahar Ganj, el barrio de mochileros en Old Delhi, sin embargo, yo me sentía en otra galaxia. La cantidad de gente, los olores, el ajetreo, la arquitectura, el idioma, las costumbres, todo era completamente desconocido. En un principio pensé que no podría sobrevivir en ese lugar por más de unas horas, no obstante, luego de algunos días, no solo me acostumbre a la India, sino que empecé a disfrutar cada instante. Finalmente viví esos seis meses en Asia como un aprendizaje único que me llevó a ser mejor persona y un mejor líder. Además, sentó las bases para mi carrera como emprendedor y me sirvió para desarrollar muchas habilidades gerenciales que utilizo hasta el día de hoy.

Suena increíble que unas vacaciones sean tan útiles como un MBA, ¿verdad?. Pues no hay nada más cierto. Viajar, sobre todo a lugares desconocidos, refuerza tus habilidades gerenciales y de liderazgo.

Viajar desafía tu zona de confort.

Cuando salí del hotel en Nueva Delhi, caminé media cuadra y tuve que regresar. Todo lo que estaba viviendo era demasiado intenso y la inseguridad se apoderó de mí. Una vez que regresé, tomé aire, levanté el pecho y me enfrenté a la ciudad con otra actitud. Nunca más tuve esa sensación en todo el viaje. Liderar un equipo en la empresa, en tiempos de vacas gordas puede ser muy fácil. Es en los momentos de estrés cuando salen a relucir las capacidades de un verdadero líder y no hay mejor entrenamiento que tomando decisiones en ambientes ajenos y hostiles.

Viajar desarrolla tu creatividad.

Viajando desde Malasia hasta Singapur durante mi luna de miel, el bus que nos tenía que llevar hasta la estación central en la ciudad de Singapur, nos dejó en la frontera porque nos tardamos mucho en pasar por migraciones. Eran las 11 de la noche y estábamos solos, sin dólares singapurenses y sin la menor idea de cómo llegar a nuestro destino. Finalmente, preguntando y con la ayuda de la gente local, logramos tomar un bus público y pagar con Ringgits de Malasia. Estas situación son comunes durante los viajes y hacen que se desarrolle esa capacidad que tienen los líderes de salir de situaciones adversas con creatividad. En un viaje tienes que arreglártelas para solucionar los problemas sin amargarte la vida. ¿Cuántos de nosotros terminamos con el hígado destrozado después de una jornada de trabajo.

Viajar nos hace más tolerantes y desafía nuestros prejuicios.

Al estar en un ambiente en el que la gente local piensa y se comporta de manera diferente a la nuestra, debemos practicar la tolerancia. No nos queda otra más que convivir con esto e incluso nos damos cuenta que hasta podemos tener amigos con costumbres muy distintas a la nuestra. Nunca olvidaré mi viaje por el norte de Tailandia junto con dos amigos que hice en el camino. Uno de origen Marroquí que venía de hacer una peregrinación a la Mecca y otro de Austria. Es decir, ¡un musulmán, un católico y un judío viajando por un país budista!. En la oficina, los prejuicios no se ven solamente cuando interactuamos con clientes o proveedores de otros continentes, sino también con nuestra propia gente. Tener una mente más abierta nos ayuda a identificar oportunidades de negocio incluso dentro de nuestra misma empresa.

Viajando aprendes a recibir ayuda.

Cuando viajé en Nepal, hice un trek por los Himalayas junto con un guía, Tsering Sherpa. Luego de una semana de caminatas intensas, muy cerca al campo base del Everest, mi destino final, colapsé y estuve a punto de darme por vencido. Si no fuera por las palabras de aliento de Tsering y por la mano que me tendió para levantarme e invitarme a seguir el camino, no hubiera podido lograr mi objetivo. Fue durante esa caminata que me di cuenta de lo importante que es tener la humildad para recibir una mano. Es muy común que como ejecutivos queramos hacer todo solos y nos cueste mucho delegar tareas, ya sea por querer demostrar nuestra valía o por sentirnos superman. En un viaje se aprende que no solo es importante ayudar, sino que también hay que saber pedir y recibir ayuda.

Se pueden identificar muchas ideas de negocio.

Por último pero no menos importante, viajar abre tu mente. Cuando estamos en la oficina muchas veces somos como el oso hormiguero que tiene su cabeza entre las piernas. El día a día no nos deja ver mas allá de los problemas y soluciones que están al alcance de la mano. Al experimentar la vida en nuevos lugares, te das cuenta que hay miles de formas diferentes para solucionar los problemas. Además, al viajar podemos vislumbrar formas de hacer mejor las cosas en nuestras organizaciones y de adaptar ideas a nuestra realidad.

Así que ya sabes, viajar es una gran escuela y si le muestras este artículo a tu jefe quizás hasta te pague la bolsa de viaje de tus vacaciones!

 

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